lunes, 22 de junio de 2009

Interreligioso.



http://www.meditacionvipassana.com/interreligioso.asp


Ajahn Buddhadasa se caracterizó por una gran apertura de espíritu lo que le llevó a estudiar textos de otras tradiciones como : la Biblia, el Koran...

Los Upanishads, el Budismo Chan … siempre abierto a aprender algo en el encuentro con otros líderes religiosos. Esto le haría entender que todas las religiones, en su esencia, son una : la del “no-egoísmo” y la “necesidad” de que las diferentes tradiciones religiosas den el ejemplo, superando los egoísmos que las separan.

También le hizo tomar tres resoluciones :

1.- Ayudar para que todas las personas se esfuercen por realizar el corazón de su propia religión.

2.- Trabajar para una mutua comprensión entre las religiones y por un buen entendimiento de los principios esenciales de todas ellas.

3.- Cooperar en sacar al mundo fuera del poder del materialismo.

A lo largo de su vida, tradujo textos Mahayana como “The platform sutra of Hui Neng” o “The Zen teachings of Huang Po”, se veía con líderes como el Dalai Lama, el autor interreligioso musulmán Hají Prayoom, el obispo Manat de Tailandia, o fue también el primer conferenciante budista en la Universidad Protestante de Tailandia. Entre sus libros sobre estos temas tenemos :

“Christianity & Buddhism”, “No Religión” o “Essence of Christianity as far as Buddhists should know”, donde reconocía que los budistas tenían mucho que aprender de los cristianos en cuanto a la práctica de metta (benevolencia de corazón), así como su mayor obra social que las religiones de Asia. El reconocimiento internacional y la notoriedad de Ajahn Buddhadasa trascendieron incluso lo interreligioso, con el reconocimiento “laico” por la UNESCO, en 2.006.

Nuestra Asociación quiere hacer una humilde contribución en la vía abierta por Buddhadasa hacia lo interreligioso, e incluso con la ciencia u otras fuentes de conocimiento, en una voluntad de encontrar lo que nos une, por encima de lo que nos separa. En esta primera fase, queremos ofrecer Textos de distintas tradiciones y fuentes, Encuentros Interreligiosos y Direcciones relativas a estos temas.

Esperamos pueda ser en beneficio de Todos los seres

lunes, 8 de junio de 2009

LA VIDA DE SVASTI JUNTO A BUDA.


Los dos protagonistas ante cuyos ojos discurre el relato son Svasti, un joven pastor de búfalos y el mismo Buda.





Antes de dormir, Svasti se sentó bajo un árbol de bambú y recordó los primeros meses con el Buda. Tenía entonces sólo once años y su madre había fallecido recientemente, dejándole a cargo de sus tres hermanos menores. No tenía leche para alimentar a la pequeña, que era sólo un bebé. Por suerte, un hombre del pueblo, llamado Rambhul, le contrató para que cuidara de sus búfalos –cuatro búfalos adultos y una cría–. Así, Svasti pudo ordeñar a una búfala todos los días y alimentar a su hermanita. El muchacho cuidaba con sumo cuidado a los búfalos, pues sabía que debía conservar el empleo si quería que sus hermanos no pasaran hambre. Desde la muerte de su padre, no se había reparado el tejado de su cabaña y, cada vez que llovía, Rupak tenía que correr de aquí para allá, colocando recipientes bajo los boquetes para recoger las goteras. Bala tenía sólo seis años pero tuvo que aprender a cocinar, cuidar del bebé e ir en busca de leña al bosque. Aunque era muy pequeña, podía amasar harina y hacer chapatis para sus hermanos. En contadas ocasiones podían comprar un poco de curry. A Svasti se le hacía la boca agua cuando, de regreso al establo con los búfalos, de la cocina de Rambhul emanaba el tentador aroma del curry. Desde la muerte de su padre, los chapatis rebozados en salsa de carne con curry habían sido un lujo desconocido. La ropa de los niños era poco más que harapos. Svasti no tenía más que un dhoti ya muy gastado. Cuando hacía frío, se cubría los hombros con una vieja tela marrón. Estaba raída y descolorida pero, para él, era valiosísima.

Svasti debía buscar lugares con buenos pastos para los búfalos, pues sabía que si los devolvía hambrientos al establo, el Señor Rambhul le pegaría. Además, todos los días, al atardecer, tenía que llevar a la casa un considerable manojo de hierba para que los búfalos comieran durante la noche. Las tardes de muchos mosquitos, hacía fuego para ahuyentarlos con el humo. Rambhul le pagaba cada tres días con arroz, harina y sal. A veces, Svasti volvía a su hogar con algunos peces que había pescado a orillas del río Naranjara, para que Bhima los cocinara.

Una tarde, después de bañar a los búfalos y cortar un montón de hierba, Svasti quiso pasar un rato, tranquilo y solo, en el frescor del bosque; dejó a los búfalos pastando y buscó un árbol alto para apoyarse mientras descansaba. De repente se detuvo. Había un hombre sentado en silencio bajo un árbol pippala, a no más de cincuenta metros. Svasti, asombrado, le miró fijamente. Nunca en su vida había visto a nadie sentado de una manera tan bella; la espalda perfectamente recta y los pies descansando con elegancia sobre los muslos. El hombre permanecía inmóvil y concentrado. Sus ojos parecían estar medio cerrados y sus manos, una sobre la otra, descansaban ligeras sobre el regazo. Vestía un descolorido hábito amarillo que dejaba un hombro al descubierto. Su cuerpo irradiaba paz, serenidad y majestuosidad. Sólo con mirarle una vez, Svasti se sintió sorprendentemente confortado. Su corazón se estremeció. No entendía cómo podía sentir algo tan especial por una persona a la que ni siquiera conocía, pero permaneció inmóvil un largo rato, con absoluto respeto.

El extraño abrió los ojos. Mientras descruzaba sus piernas y masajeaba suavemente sus tobillos y plantas de los pies no vio a Svasti. Lentamente, se levantó y empezó a caminar. Al hacerlo en dirección opuesta, no le veía. El chico, sin hacer un solo ruido, contempló al hombre caminar con pasos lentos y meditativos por el bosque; después de siete u ocho pasos, se giró y fue entonces cuando le vio.

Sonrió al muchacho. Nadie le había sonreído nunca con tan dulce tolerancia. Como si fuese arrastrado por una fuerza invisible, Svasti corrió hacia el hombre pero, cuando se encontraba a unos pocos metros de él, se paró en seco al recordar que no tenía derecho a acercarse a ninguna persona de casta superior.

Svasti era un intocable. No pertenecía a ninguna de las cuatro castas sociales. Su padre le había explicado que la casta brahman era la más alta, y que la gente nacida en ella eran sacerdotes y maestros que leían y comprendían los Vedas y otras escrituras y hacían ofrecimientos a los dioses. Cuando Brahma creó la raza humana, los brahmanes salieron de su boca. La segunda casta superior era la ksatriya. Los nacidos en ella podían acceder a posiciones políticas y militares, ya que habían surgido de las dos manos de Brahma. Los de la casta vaisya eran mercaderes, agricultores y artesanos que habían brotado de los muslos de Brahma. Los de la casta sudra habían surgido de los pies de Brahma y era la casta inferior. Se dedicaban exclusivamente a las labores manuales que no efectuaban ninguna de las castas superiores. Pero los miembros de la familia de Svasti eran “intocables”, que no tenían casta alguna. Se les obligaba a construir sus casas fuera de los límites del pueblo y llevaban a cabo los trabajos más bajos como recoger basura, abonar los campos, hacer caminos, alimentar a los cerdos y cuidar búfalos. Todo el mundo debía aceptar la casta en la que había nacido. Las sagradas escrituras enseñaban que la felicidad residía en la habilidad de aceptar la propia posición.

Si un intocable como Svasti tocaba a una persona de casta superior, era apaleado. En el pueblo de Uruvela, un intocable había sido severamente golpeado por tocar a un brahmán. El brahmán o el ksatriya que fuera tocado por un intocable se contaminaba y, para purificarse, tenía que ayunar y hacer penitencia durante varias semanas. Siempre que Svasti conducía los búfalos al establo, trataba de no pasar cerca de las personas de casta superior que se encontrara en el camino o fuera de la casa de Rambhul. Tenía la impresión de que incluso los búfalos eran más afortunados que él pues un brahmán podía tocarlos sin contaminarse. Incluso en el supuesto de que un intocable, sin ser su culpa, rozara accidentalmente a alguien de una casta superior, podía ser golpeado cruelmente.

Frente a Svasti se hallaba ahora el más atractivo de los hombres y era evidente, a decir por su porte, que no compartían la misma condición social. Sin duda, una persona con una sonrisa tan bondadosa y tolerante no le pegaría aunque llegara a tocarle pero Svasti no quería ser la causa de la contaminación de alguien tan especial; por eso se quedó paralizado a sólo unos pocos pasos de él. Al ver su vacilación, el hombre avanzó hacia el muchacho. Svasti retrocedió para evitar el contacto pero el hombre era más rápido y, en un abrir y cerrar de ojos, le puso la mano izquierda sobre el hombro. Con su mano derecha, le dio unas cálidas palmaditas en la cabeza. Svasti permaneció inmóvil. Nadie le había tocado nunca la cabeza de una manera tan dulce y afectuosa y, sin embargo, se sintió, de repente, presa del pánico.

“No tengas miedo, chico”, dijo el hombre con una voz serena y tranquilizadora.

Al sonido de esa voz, los temores de Svasti se desvanecieron. Levantó la cabeza y miró fijamente aquella sonrisa bondadosa y tolerante. Tras vacilar un momento, balbuceó, “Señor, me gusta usted muchísimo”.

El hombre alzó la barbilla de Svasti y le miró a los ojos. “Y tú también me gustas. ¿Vives por aquí?”.

Svasti no respondió. Tomó entre sus manos la mano izquierda de aquel desconocido y formuló la pregunta que tanto le preocupaba, “Cuando le toco así, ¿no está contaminándose?”.

El hombre se rió y sacudió la cabeza. “Para nada, hijo. Tú y yo somos seres humanos. No puedes contaminarme. No escuches lo que diga la gente”.

Tomó la mano de Svasti y caminó con él hasta el linde del bosque. Los búfalos pastaban aún apaciblemente. El hombre miró a Svasti y preguntó, “¿Cuidas estos animales? Y ésta debe de ser la hierba que has cortado para su cena. ¿Cómo te llamas? ¿Vives por aquí?”.

Svasti respondió educadamente, “Sí, Señor. Cuido estos cuatro búfalos y esta cría, y esa es la hierba que he cortado. Mi nombre es Svasti y vivo al otro lado del río, justo detrás del pueblo de Uruvela. Por favor, Señor, ¿cuál es su nombre y dónde vive? ¿Puede decírmelo?”.

El hombre respondió amablemente, “Por supuesto. Mi nombre es Sidarta y mi hogar está muy lejos, pero ahora vivo en el bosque”.

“¿Es usted un ermitaño?”.

Sidarta asintió. Svasti sabía que los ermitaños eran hombres que, generalmente, vivían y meditaban en lo alto de las montañas.

Aunque acababan de conocerse y habían intercambiado pocas palabras, Svasti sintió un cálido vínculo con su nuevo amigo. En Uruvela, nadie le había tratado jamás de una forma tan amistosa ni hablado con tal calidez. Una gran felicidad brotó en su interior; deseaba expresar de alguna manera su júbilo. ¡Si tan sólo tuviera algún obsequio para ofrecer a Sidarta! Pero no tenía ni un centavo en el bolsillo, ni siquiera un trozo de caña de azúcar, nada. ¿Qué podría ofrecer? Entonces, se armó de valor y dijo,

“Señor, me gustaría tener algo que ofreceros como obsequio, pero no tengo nada”.

Sidarta miró a Svasti y sonrió. “Sí que tienes. Algo que me gustaría mucho”.

“¿Tengo algo?”.

Sidarta señaló el montón de hierba kusa. “Esa hierba que has cortado para los búfalos es suave y fragante. Si pudieras darme unos pocos haces, haría un asiento para sentarme en meditación bajo el árbol. Eso me haría muy feliz”.

Los ojos de Svasti resplandecieron. Corrió hasta la pila de hierba, cogió un gran manojo en sus delgados brazos y se lo ofreció a Sidarta.

“He cortado esta hierba más abajo, cerca del río. Por favor, acéptela. No me cuesta nada cortar más para los búfalos”.

Siddharta unió sus manos formando una flor de loto y aceptó la ofrenda. Dijo, “Eres un chico muy amable. Te lo agradezco. Ve y corta más hierba para tus búfalos antes de que se haga tarde y, si tienes oportunidad, ven por favor a verme al bosque mañana por la tarde”.

El joven Svasti inclinó la cabeza para despedirse y permaneció de pie, viendo a Sidarta adentrarse en el bosque. Después, cogió su hoz y se dirigió hacia la orilla, su corazón henchido con el más cálido de los sentimientos. El otoño comenzaba. La hierba estaba todavía blanda y acababa de afilar su hoz. El muchacho no tardó nada en cortar otro gran haz de hierba kusa.

Svasti condujo a los búfalos a casa de Rambhul, guiándoles por un paso poco profundo del Neranjara; el búfalo pequeño se mostraba reacio a abandonar la hierba de la ribera y Svasti tuvo que convencerle. Con la hierba ligera sobre el hombro, Svasti vadeó el río junto a los búfalos.


http://www.edicionesdharma.com/articulo.asp?art_id=117


Copyright de Ediciones Dharma, 2007

viernes, 5 de junio de 2009

EL BUDA DUDA SOBRE SI DAR ENSEÑANZAS.




Y más adelante, estos versos, nunca antes escuchados en el pasado, surgieron espontáneamente en el Bienaventurado:


“Esto lo he ganado mediante una gran fatiga-


¡Suficiente! ¿Por qué debería darlo a conocer?


Para la gente consumida por la lascivia y el odio,


Este Dhamma es incomprensible.


Conduciéndose en contra de la corriente,


Sutil, profunda, difícil de ver y delicada,


Oculta detrás de la esclavitud de sus pasiones,


Están encapotados por las tinieblas de la ignorancia.”


En semejante sabio, ponderado como el Bienaventurado, la mente se inclina hacia la inactividad y no hacia la enseñanza del Dhamma. Entonces, al Brama Sahampati, al haber conocido en su mente esta forma de razonar del Bienaventurado, se le ocurrió este pensamiento: “¡Ay de mí! El mundo está perdido. ¡Ay de mí! El mundo está destruido, en la medida que la mente del Tathagata, el Arahant plenamente iluminado, se inclina más hacia la inactividad que hacia la enseñanza del Dhamma.”


Acto seguido, tan rápido como un fuerte hombre estira su brazo o tan rápido como lo recoge, el Brama Sahampati, despareciendo del mundo del Brama, se manifestó enfrente del Bienaventurado.


Entonces, el Brama Sahampati, habiendo puesto su vestimenta exterior sobre su hombro, habiendo apoyado su rodilla derecha en el suelo y habiendo saludado al Bienaventurado con las manos juntadas, dijo: “Bienaventurado señor, que el Bienaventurado enseñe el Dhamma, que Tathagata enseñe el Dhamma. He aquí, hay seres con poco polvo en sus ojos, quienes, al no escuchar el Dhamma, están decayendo, pero si a ellos se les enseñara el Dhamma, acrecentarían su imperfecto conocimiento.”


Traducido y publicado por Isidatta para el Bosque Theravada © 2009

Edición de Bosque Theravada © 2009


Texto completo:

http://www.bosquetheravada.org/index.php?option=com_content&view=article&id=1013&Itemid=1368


miércoles, 27 de mayo de 2009

PARA LOS AMIGOS DE BOSQUE THERAVADA.

Anton Baron dijo...

Hola amigo,

al copiar la tarducción de este sutta, incluyendo la nota, de nuestra web: (www.bosquetherevada.org) e incluirla en tu blog, creo que deberías pensar en algunas de las más mínimas reglas de respeto por los derechos autorales y citación de feuentes, especialmente, tratándose de un blog budista. Corrígeme, si me equivoco.

Saludos y que estés bien en todo

Isidatta (el responsable de los contenidos de la web "Bosque Theravada")

Cuando puse ese sutra en este blog desconocía que la fuente original era http://www.bosquetheravada.org/ sino que obtuve el texto en un foro en el que no se citaba el origen del texto.

miércoles, 20 de mayo de 2009

CONCIERTO BENÉFICO "UNA GOMPA PARA MADRID".





CONCIERTO BENÉFICO
"UNA GOMPA PARA MADRID "

Centro Budista Tibetano

THUBTEN DHARGYE LING

Se pueden adquirir entradas anticipadas a 12 € en el mismo centro, por correo electrónico y 1 hora antes del concierto
en el acceso al salón de actos a 15 €.

También hay una fila cero para todos los que no puedan ir y quieran apoyarnos.

GRACIAS POR COLABORAR.



OCNO EN CONCIERTO
Música para soñar despierto y para despertar soñando

OCNO es una performance musical y estética de carácter psicoactivo, no sólo entretiene, divierte y deleita a quienes la escuchan, sino que conecta con su interior, produciendo un estado de conciencia beneficioso, liberador y mágico.

OCNO es música para el cuerpo, la mente y el espíritu, un impulso fundamentado en leyes de la acústica, en leyes de la estética musical y de la meditación.

OCNO es un ritual de libertad. Música para soñar despierto y para despertar soñando.

jueves, 14 de mayo de 2009

EL BUDISMO Y EL CONSUMO DE CARNE.

Este discurso pertenece al Majjhima Nikaya: Colección de los discursos medianos. (55)
Esta es la segunda colección (nikaya) del Sutta Pitaka que consiste en 152 suttas de mediana longitud, divididos en tres partes:


[1] Así he oído.


En cierta época el Bendito vivía en Raajagaha, en el huerto del mango de Jivaka, el hijo adoptivo del príncipe.


[2] Entonces, Jivaka el hijo adoptivo del príncipe se acercó al Bendito, le veneró, se sentó a un lado y dijo:


[3] “He oído esto, venerable señor, que se hacen matanzas de los seres vivos para el recluso Gotama y que el recluso Gotama, a sabiendas, consume la carne de los animales que fueron matados para él. Venerable señor, aquellos que dicen, que se hacen matanzas de los seres vivos para el recluso Gotama y que el recluso Gotama, a sabiendas, consume la carne de los animales que fueron matados para él, ¿hablan de acuerdo al Dhamma, de manera tal que no haya nada reprochable o censurable en sus aseveraciones?”


[4] “Jivaka, aquellos que dicen que se hacen matanzas de los seres vivos para el recluso Gotama y que el recluso Gotama, a sabiendas, consume la carne de los animales que fueron matados para él, no dicen lo que yo podría haber dicho y me tergiversan, diciendo lo que no es verdadero y atenta en contra de los hechos.


[5] “Jivaka, yo digo que en tres casos la carne no debería ser consumida: cuando esto fue visto, cuando se escuchó o cuando exista sospecha [de que los animales fueron matados para uno mismo]. Yo digo, que en estos tres casos la carne no debería ser consumida. Yo digo, que la carne podría ser consumida en tres casos: cuando esto no fue visto, cuando no se escuchó o cuando no exista sospecha [de que los animales fueron matados para uno mismo]. Yo digo, que en estos tres casos la carne podría ser consumida.


[6] “Jivaka, el bhikkhu apoyado por un pueblo o una aldea permanece invadido por el amor universal benevolente en el primer cuarto, al igual que en el segundo, tercero y cuarto: así por encima, por debajo, alrededor y en todas partes. Para con todos y para consigo mismo, permanece invadido por el amor universal bondadoso, que todo lo abarca, es abundante, excelso, inconmensurable, sin hostilidad y sin maldad. Entonces, cierto jefe de familia o el hijo de un jefe de familia se acercan y lo invitan para la comida del día siguiente. Si el bhikkhu desea, acepta. Y cuando la noche termina, se coloca los hábitos y tomando el tazón y los hábitos externos, se acerca a la casa de aquel jefe de familia o del hijo de la cabeza de familia y se sienta sobre el asiento preparado. Aquel jefe de familia o su hijo le sirven alimentos nutritivos con sus propias manos. Entonces, él no piensa: ‘¡Qué bueno que este jefe de familia o su hijo me sirvan alimentos nutritivos con sus propias manos! Este jefe de familia o su hijo deberían ofrecerme alimentos nutritivos en el futuro también’. Él no piensa así. Él consume aquel bocado sin ser atado a él, y sin ser encaprichado ni comprometido con él. En vez de esto, observa el peligro que esto representa y entiende el escape de él. Jivaka, siendo de esta manera ¿podría este bhikkhu consumir este alimento para la aflicción de sí mismo, para la aflicción del otro o para la aflicción de ambos?” “Ciertamente, no, venerable señor”. “¿Y podría este bhikkhu consumir este alimento sin mancha alguna?”


[7] “Sí, venerable señor. He oído esto: ‘el Brahma habita en el amor universal benevolente’. Venerable señor, el Bendito es mi testigo visible de esto. El Bendito, habita en el amor universal benevolente”


“Jivaka, el Tathagata ha disipado aquella avaricia, odio y falsa ilusión, lo ha arrancado con las raíces, lo ha hecho como una estaca de la palmera, la cual echada fuera no crece de nuevo. Si algo pudiste decir de mí, es porque te lo había permitido”.


“Venerable señor, si algo de esto pude decir, es precisamente debido a eso”.


[8-10] “Jivaka, el bhikkhu apoyado por un pueblo o una aldea permanece invadido por la compasión... invadido por la alegría altruista... invadido por la ecuanimidad en el primer cuarto, al igual que en el segundo, tercero y cuarto: así por encima, por debajo, alrededor y en todas partes. Para con todos y para consigo mismo, permanece invadido por la ecuanimidad, que todo lo abarca, es abundante, excelsa, inconmensurable, sin hostilidad y sin maldad. Entonces, cierto jefe de familia o el hijo de un jefe de familia se acercan y lo invitan para la comida del día siguiente. Si el bhikkhu desea, acepta. Y cuando la noche termina, se coloca los hábitos y tomando el tazón y los hábitos externos, se acerca a la casa de aquel jefe de familia o del hijo de la cabeza de familia y se sienta sobre el asiento preparado. Aquel jefe de familia o su hijo le sirven alimentos nutritivos con sus propias manos. Entonces, él no piensa: ‘¡Qué bueno que este jefe de familia o su hijo me sirvan alimentos nutritivos con sus propias manos! Este jefe de familia o su hijo deberían ofrecerme alimentos nutritivos en el futuro también’. Él no piensa así. Él consume aquel bocado sin ser atado a él, y sin ser encaprichado ni comprometido con él. En vez de esto, observa el peligro que esto representa y entiende el escape de él. Jivaka, siendo de esta manera ¿podría este bhikkhu consumir este alimento para la aflicción de sí mismo, para la aflicción del otro o para la aflicción de ambos?” “Ciertamente, no, venerable señor”. “¿Y podría este bhikkhu consumir este alimento sin mancha alguna?”


[11] “Sí, venerable señor. He oído esto: ‘el Brahma habita en ecuanimidad’. Venerable señor, el Bendito es mi testigo visible de esto. El Bendito, habita en la ecuanimidad”


“Jivaka, el Tathagata ha disipado aquella avaricia, odio y falsa ilusión, lo ha arrancado con las raíces, lo ha hecho como una estaca de la palmera, la cual echada fuera no crece de nuevo. Si algo pudiste decir de mí, es porque te lo había permitido”.


[12] “Jivaka, quien alguna vez destruye seres vivos para el Tathagata o para los discípulos del Tathagata, acumula muchos deméritos en cinco instancias: Cuando él dice: ‘vayan a traer aquel ser vivo de tal nombre’, esta es la primera instancia, en la que acumula muchos deméritos. Cuando aquel ser vivo es arrastrado, atado, con dolor en la garganta, sintiendo enfado y disgusto, esta es la segunda instancia, en la que acumula muchos deméritos. Cuando él dice: ‘ve a matar a aquel animal’, esta es la tercera instancia, en la que acumula muchos deméritos. Cuando al ser matado ese animal siente angustia y dolor, esta es la cuarta instancia, en la que acumula muchos deméritos Cuando el Tathagata o un discípulo del Tathagata prueban un alimento inadecuado, esta es la quinta instancia, en la que acumula muchos deméritos. Jivaka, quien alguna vez destruye seres vivos para el Tathagata o para los discípulos del Tathagata, acumula muchos deméritos en estas cinco instancias.”


[13] Cuando esto fue dicho Jivaka el hijo adoptivo del príncipe dijo: “Maravilloso venerable señor, los bhikkhus comparten los alimentos apropiados y sin mancha. Ahora entiendo venerable señor. Es como si algo volcado fuese reincorporado. Algo cubierto fuese hecho en manifiesto. Como si le indicaran el camino a alguien que había perdido el suyo. Como si una lámpara de aceite fuese encendida, para aquellos que tienen la vista para ver las formas. De diversas maneras la Enseñanza es explicada. Ahora tomo refugio en el Bendito, en la Enseñanza y en la Comunidad de bhikkhus. Puedo ser recordado como uno que ha tomando refugio desde hoy hasta lo que dure la vida.





NOTA


[1] Este pasaje establece claras y explícitas regulaciones sobre el consumo de carne, que el Buda dejó al Sangha. Se debería tomar nota de que el Buda no requiere de los monjes que guarden una dieta vegetariana, sino que les permite consumir carne cuando estén confiados de que el animal en cuestión no fue sacrificado especialmente para proveerles la comida. Este tipo de carne se llama tiko.tiparisuddha, “puro en tres aspectos”, porque no se ha visto, ni se ha oído, ni hay sospecha sobre que la carne provenga de un animal sacrificado especialmente para proveer la comida al monje. El precepto budista de abstenerse de matar seres vivos para los laicos, si bien prohíbe matar los animales para obtener la comida, no proscribe la compra de carne de los animales previamente muertos.

lunes, 4 de mayo de 2009

LO QUE DICE EL DHAMMAPADA SOBRE EL APEGO.




Capítulo 16: Apego

209. Aquel que se aplica a lo que debe ser evitado y no se aplica a lo que debe ser obtenido y abandona su búsqueda, abocándose a los placeres, envidiará al que ha procedido de modo contrario.

210. No identificarse con lo que es agradable ni identificarse con lo que es desagradable; no mirar a lo que es placentero ni a lo que es displacentero, porque en ambos lados hay dolor.

211. Evita la identificación con lo querido, porque la separación de ello representa dolor; las ataduras no existen para aquel que no hace diferencias entre querido y no querido.

212. Del placer nace el sufrimiento; del placer nace el miedo. Para aquel totalmente libre de placer no hay dolor, y mucho menos miedo.

213. Del deseo surge el dolor; del deseo surge el miedo. Para aquel que está libre de deseo ni hay dolor ni mucho menos miedo.

214. Del apego surge el sufrimiento; del apego surge el miedo. Para aquel que está libre de apego ni hay dolor ni mucho menos miedo.

215. De la avidez surge el sufrimiento; de la avidez surge el miedo. Para aquel que está libre de avidez ni hay dolor ni mucho menos miedo.

216. Del aferramiento surge el sufrimiento; del aferramiento surge el miedo. Para aquel que esta libre de aferramiento ni hay dolor ni mucho menos miedo.

217. El que es perfecto en virtud y Visión Cabal está establecido en la Doctrina, dice la verdad y cumple su deber y es venerado por la gente.

218. El que ha desarrollado el anhelo por lo Incondicionado tiene la mente motivada y no condicionada por los placeres materiales, es denominado uno que No-retorna.

219. Un hombre ausente por largo tiempo y que vuelve estando a salvo, recibe la mejor bienvenida de sus parientes y amigos.

220. Del mismo modo, los buenos actos que se efectúan en esta existencia recibirán la mejor bienvenida en la próxima, como el vecino recibe al ser querido que vuelve.